Poesía.
Chatterton

 
  Poesía

Ya una vez dije que los premios Adonais de poesía ocupan en su totalidad, creo, un estante en mi amplia bilioteca. Ha habido y sigue habiendo muy buena poesóa en ese famoso premio, se han descubierto ...

 
 

jóvenes poetas y se han ratificado los que ya lo eran.

Joaquín Moreno Pedrosa, nacido en 1979, si haber llegado a la madurez tiene en su haber de publicaciones, "Desde otro tiempo" y pertenece al grupo poético, "Númeror".

Joaquín Moreno en este precioso poemario -por lo menos eso me lo parece a mí- recurre a la amistad, a la infancia, al tiempo, al amor, a lo de casi siempre pero muy bien. "Todos conocen un antiguo orden,/ la rara voluntad que los sostiene/en el silencio de mirarlo todo."

Su libro tiene los temas de siempre como he dicho, generales, universales y bellos que forman una obra madura. Está dividido en tres partes, capaces cada una de darle sentido a esos temas trascendentes de la vida pero necesarios de versificar.

En cierta crítica he leído que Moreno Pedrosa escribe "aseado", para leer su libro de un tirón y que su viaje no se haga tan largo. "Eran todos loslibros y películas,/los mismo ojos para el mundo, el eco/de un sueño ya olvidado que responde."

Siente, como él dice "la vida como un eco", nos espera, "pero esta noche no me queda nada,/toda mi vida me parece apenas/una mano pidiendo, tan vacía/que ya solo le queda esperar todo."

De los versos tan sencillos endecasílabos o alejandrinos de este libro de Moreno Pedrosa, cabe esperar todo.



PRIMAVERA

DE golpe se han abierto sobre el año
las manos de la tierra, y ahora llueven
sus monedas y flores para todos.
El sol hincha los cielos desplegados
y bajo tanta luz, come murciélagos,
huyen despavoridas las ideas y la hojarasca de la ley crepita.
Ya no quedan rivales para el mundo,
dios infantil que suelta sus recuerdos
de los días antiguos, añorando
la ddesnudez, la libertad descalza.
Y su memoria llueve como polen
y es una liebre, y juegos en la hierba.
Pero los hombres tiran de su alma
como un fardo pesado, y hace tiempo
olvidando qué baile, qué respuesta.

 

MEDIODÍA

HAY tanto sol que el cielo se ha cerrado
como un techo de zinc. Y tanta luz,
tanto calor de tierra en esta hora
encendiendo mi sangre con preguntas:
la vida por las calles, las mujeres
en marea que huye y se renueva,
los días de mañana reclamándome
que los escriba ya con mano firme
para traer su brillo de oro limpio.
Este ruemor de sangre a dónde corre,
sus latidos a dónde, qué persiguen
pasada la mañana, como huyendo
de la noche suave, y hacia arriba.
Hay demasiada luz sobre mis manos
que quieren responder pero no saben.
Un corazón más grande pediría,
un corazón para quemarlo entero.
Pero al fin es mi casa, su premumbra
de silencio y olvido sin reproches,
y otra vez el cansancio inexplicable,
este frío después de no hacer nada.

ESTA NOCHE

CON el último sol en las venanas
y unas llaves que cierran, y un pasillo.
Y al final, en un cuarto ya sin nadie,
sentir mi vida apenas como un eco,
todo lejano y con sabor a otro.
Y ahora de qué sirven tantos días
de luz en el recuerdo, con mi nombre
sonando en otras voves, si al llamar
aquí en el corazón nadie contesta,
en el pecho un silencio que da miedo.
Serán mis ojos malos, que no saben.
Pero esta noche no me queda nada,
toda mi vida me parece apenas
una mano pidiendo, tan vacía
que ya sólo le queda esperar todo.

VII

AQUEL otoño fue la encrucijada
donde cambiamos tímidas ofrendas.
Volvió al antiguo asombro frente al mundo,
por un momento, a orillas de la bruma,
alguien me acompañaba. Pero siempre
tu país es distinto y muy lejano,
y la tibia costumbre de otro hombre.
También los libros me lleveban lejos
y nunca he vuelto a esa ciudad. Tan sólo
me queda tu figura despidiéndose,
una mujer y otoño como emblema
de aquel reino encendido a casa paso.


ACERAS

ACERAS de mi barrio, estoy llamando.
A mi paso los juegos de hace tiempo
y aquel beso se encienden poco a poco.
Todo se guarda en ese cofre vivo
que crece con los años. Viejos árboles,
casas donde el misterio era un jardín,
son el tibio cristal en que mis dedos
adivinan su rostro y ya recuerdan.
Por eso vuelvo siempre con preguntas
y las miro despacio muchas veces:
ellas saben mi vida, lo que soy,
y hacia dónde camino todavía.


LARGO VIAJE

NO supe mirar bien. Anduve mucho,.
Quise la voluntad como una espada,
del día siempre de contornos claros.
Siempre buscando una mujer, el mar,
como puertas por fin al infinito.
Y me perdí por un desierto blanco.
No supe que me estaban persiguiendo,
que si al fin me paraba llegarían
esta calle tranquila con sus árboles,
mi casa, y este cuarto donde destaba
yo mismo, donde siempre habían estado
todas las cosas junntas esperándome.