"MECANISMOS DE DEFENSA"

 

 
 

Oct-09 Foto

Entrecomillo este título porque son palabras ajenas de una buena amiga aplicadas a mí. Determinadas causas detuvieron mis actividades y no bastó la pausa de las mismas para volver a hacer lo que hacía. Parece fácil y que va a ser de inmediato, pero no es así. Es necesario echar mano de viejos...

 

 

     
 

mecanismos de defensa hasta para mantener la mirada cuando te miran, si lo días se te hacen más lentos es que se alarga un poco el tiempo que nos queda como una especie de derecho que tiene la vejez. Uno casi no escribe como habiéndose quedado sin el recurso de las primeras palabras. Pero se trataba de poder llegar otra vez al mismo sitio. No sé de su calidad, pero era lugar propio y compartido. Es un mecanismo de defensa.


Tienen el mismo lugar que tenían, el mundo de los afectos, andadura diaria y válida. Y las entrañables rutinas: busco de nuevo el bienestar del café cuando creo que no se lo tomado nadie todavía, ese café espeso, poderoso para poder tener siempre un libro abierto, para poder estar leyendo. Pues si eso ha sido soporte de una vida, dedicación, profesión utilizada para acumular placer, ni puedo ni debo dejar al margen el pequeño colectivo acostumbrado a lo que yo llamo mis sugerencias.


Ha sido un camino válido y público desde hace años como besos entregados a la vez a ese personal anónimo de la red. Allí todo está a la vista, lo toma quien le place, lo hace suyo cuando era mío antes de colgarlo. En cada manera de comentar un libro he puesto siempre como la calidez de una caricia por el placer que tuve leyéndolo, seguro en evitar el posible fracaso de mis propias palabras al lado de las de los escritores.
Me defiendo como puedo, empeñándome. Fui corredor de fondo y entonces corría para aguantar lo que no se aguanta, igual que cuenta esta mañana en un periódico, Leila Guerriero. Como antes me acerco con placer para cumplir el rito de la próxima elección al montón de libros que me  están esperando para cumplir el rito inevitable de mi vida, no es mecanismo de defensa su lectura, es plena defensa.


Pensé, como una manera más de defenderme igual que he hecho otras veces: fingir que nada haya pasado, hacer cosas que venía haciendo antes aunque sólo planteármelas me produzcan una tremenda pereza. Pero si no en ese momento, luego, lo haces, y te atreves a decirte a ti mismo, pues no era tan difícil, estaba bien, no habían caducado porque las caducidades suele ponerlas uno mismo como la etiqueta que casi no se entiende de los medicamentos.


Voy a hacer pues lo mismo. No, no se trata de un periódico del día anterior. Cada mañana, muy de mañana, me trae un moderno mecanismo, digitalmente las noticias de lo  que aún no ha terminado casi de pasar, así me cuesta menos esfuerzo que cuando luego, al mediodía el periódico impreso, lo deja más seguro aunque se haga viejo en pocos momentos. Empiezo pues, desparramado de noticias.


Cumplo de nuevo mis pasos obligatorios, de “agente de bolsa propia”, como me definió un día un fisio. Me cuesta esfuerzo –es otra forma de defensa- cada paso que doy, corto y temeroso para ir llenando mi bolsa de un par de periódicos, añadido a la debilidad de comprar ese libro que tendrá que esperar su tiempo de lectura pero amparado por mi satisfacción ya de tenerlo. Recorro los hornos de mi entorno, me esfuerzo por ser el último  y que no se cuele esa señora silenciosa que llega tan fácilmente al mostrador y nunca guarda turno. Compro motivos de capricho para poder cenar sin que me hagan la cena. Y vuelvo para casa, lo que constituye mi más feliz disponibilidad prolongada.


Defenderse es estar dispuesto a que no acabe nunca nada, nada de lo que teníamos, nada de lo que hacíamos. Defenderse es volverlo a empezar cada día como si se me hubiera olvidado lo que ha aprendido tantas veces y no quiero que se desplome de las manos. Sé que a estas alturas de la vida no puedo ir de ganador, pero tampoco seré perdedor. Me ejercité ya tantas veces en reconstruirme que es como un tratado propio que me halaga que alguien lo aprecie.


Voy a ir teniendo a medida que vayan viniendo, insuficiencias admitidas. Son ya una inevitable historia. Pero al menos hasta el penúltimo límite me pondré en pie de nuevo. Dejaré que lo pasado inmediato que fue malo, sea eso, pasado, y buscaré mi mejor rito de iniciación y de innovación como una imagen de la vida que me fuera a dar su mejor reflejo.


Sí, ya he convertido mis defensas en una manera de desafiar las reglas del cansancio. Engaño a ese cansancio, a la vejez la llamo de otra manera para no tener que encontrármela. El dolor tiene un lenguaje que no entiendo. En cambio volver a hacer lo mismo, o casi lo mismo que venía haciendo es una manera de darme cuenta que no pienso irme de ningún sitio para mantener el orgullo de mi propia maquinaria vieja.