MEZCLO LITERATURA Y CARIÑO

 

 
 

Oct-09 Foto

Como una segunda piel, igual que un profundo abrazo porque cada vez la literatura me sirve más para soportar la perversa locura de la vida. Es un invento viejo que se junta conmigo porque los libros que he leído saben lo que he sido.

 

 

     
 

Mi manera de contarlo luego, tiene preferentemente eso, un profundo cariño a quienes los leen después, a aquellas personas amigos y amigas, que un día me dejan en un simple pero tierno correo, su opinión, en ocasiones su coincidencia.
De eso se trata siempre. La literatura es mi acto

de fe, mi creencia de cada momento, puede ser mi excusa y a la vez mi esperanza y mi fundamento. Robaré una cita de Mallarmé: “el universo existe para llegar a un libro.” Pues ya tengo desde tiempo ese amplio mundo ajeno y propio. Llevo leyendo desde tiempos antiguos, y como recuerdo al alcance de mis manos los lomos de esos libros poblando las paredes de mi casa, la que he venido construyendo, como digo, con literatura y cariño.


Las palabras que voy anotando forman a la vez mi única y gastada piel, no constituyen un disfraz entre comillas que puede uno ponerse o no, se convierten en propias allá donde hagan falta, donde convengan. Me dieron su permiso los autores al escribirlas y mi licencia es, durante una vida entera ya, una prolongada base de datos de miles y miles de registros, el cariño y el abrazo que puse primero al leerlas bien despacio y luego al escribirlas como si fueran mi propia ficción que fui incapaz de construir con ellas.


¿Qué he hecho, pues, leyendo tanto? Nada menos que ir viviendo. Mi sorpresa cada vez puede estar en la solapa de cualquier libro todavía por leer, en la sinopsis que me explica lo que es, que me dice de qué trata. Pero no me suelen engañar, tan solo quiero, me basta con eso, que me cuenten cómo vivir. Tras su lectura, el final ha sido mi placer, mi forma de querer. Porque luego, ya lo sé, lo escribiré para que los demás sepan qué es.


Las páginas que he ido leyendo han sido como una manera de quitarles la ropa a quienes las escribieron, para saber de su piel, sin engaños, aunque estén llenas de ficción, porque la ficción es una manera de creerse algo para siempre, una especie de prolongación, un festín inexplorado y cálido.


Y cada nuevo día, cada nueva portada es parte añadida de vida para una especie de construcción definitiva a la cual no le quisiera ver el final nunca. Alargar la mano, poner sobre la mesa más cercana, casi sin orden ni concierto, pero sabiendo cuál será su sitio luego la última o la primera novela que ha llegado a mis manos nunca por sorpresa, sino a sabiendas que iba a ser necesaria, es parte de una costumbre que nunca es rutina y siempre será placer.


Nada menos a la vez, que literatura y cariño, sin saber por dónde empezar es una forma estática pero vivaz de emprender y mantener los avatares que te trae la vida.


De los libros ya no me separa nada, primero creaban aprendizaje y madurez y ahora ya forman parte de mi mejor vejez. Vivir degrada, desgasta, hay que buscar, pues, una forma de resistencia análoga a la que muchas veces tengo que emplear para otros menesteres como el deterioro general del mismo cuerpo. Qué sencilla parece a veces la salida de la vida entre las páginas de un libro. Se me escapan ya otras posibilidades muy hermosas e ilustrativas. Lugares que no conozco, que siguen ahí hermosos, esperándome como me esperaron aquellos a los que fui llegando.


Me pasa igual que lo dije un día refiriéndome a la compañía de una mujer: con los libros me siento enseguida mejor, son un mutuo homenaje que rindo a quién los han escrito y a mí mismo al leerlos. Es mi amor, son mis posibilidades para siempre. Saco de ellos casi todo lo que tienen, no me queda ni una oculta riqueza por descubrir.


Vale ya, me siento para seguir leyendo. Soporto lo que tengo y lo que pueda venir luego. Es el enorme poder y la inmena riqueza que tiene la palabra. Ya da casi lo mismo, ante cualquier dolor, no hay duda, hay un estado previo y poderoso que tiene el lenguaje. No quiero deudas con él, a cambio sólo tengo el cariño dentro de la mayor ternura.