LA LITERATURA QUE ME GUSTARÍA ESCRIBIR

 

 
 

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Aquella que constituye de por sí la esencia de la persona, la que se lleva debajo de la piel porque es placer su lectura o escritura, tanto da, pero nunca mero oficio, sino entusiasmo, pasión. Por eso me he sentido estos días arrastrado por Tawni O’Dell.

 

 

     
 

No hay que confundir, poco me importó la veracidad o la simple posibilidad de su tragedia personal y familiar. En la palabra de Harley había una realidad que no invitaba a conocerla, sino a amarla

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En su vida desgraciada le gotea el amor y nos lo cuenta, una necesidad de una mujer que le proporcionaba en cada momento consuelo y placer. Robaba de ella, cada vez, su propio yo, su resto, luego de darse entera en una mezcla obscena de memoria y de deseo.


Es preciso escribir así, sin quedarse nada dentro tampoco, y  después de leerlo, como si al terminar cada libro que había pasado por mis manos, mezclado con ellos, estuviera mi ser entero. Pero es curioso, al final del proceso de este tipo de lectura honda, apasionada, se me olvida necesariamente la historia, ni la recuerdo, ni quiero recordarla.


¿Qué tal esta novela? ¿Qué ocurre en ella? No lo sé, suelo contestar. Tan solo que es apasionante. Como pedazos de cada ser humano que he saboreado como formando parte de sus personajes, que dejan de ser tales, al hacerlos tan propios, al estar tan inmerso en ellos.


A lo mejor han sido cosas que jamás a mí me hubieran podido ocurrir, que yo mismo hubiera sido incapaz de poder contar, pero precisamente esa es la literatura que me hubiera gustado ser capaz de escribir como propia o contando la que escribieron los demás.


Es sumamente difícil leer del todo bien un libro, dejarlo luego cubriendo los sitios de tu vivienda, que sean ya tus arterias por la pasión que pusiste en su lectura, que te devuelvan algún rato de tu salud ya tardía, te parece incluso haber creado con su autor una especie de amistad con derecho a roce casi, borracho de las palabras que me hubieran gustado ser capaz de haber escrito yo.


Al final necesariamente habrá que hacer eso: buscar muy lentamente de lo publicado hasta este momento diez o doce libros de esa naturaleza para cubrir gozosamente la vida que me quede. Leerlos con la suficiente parsimonia para tener bastante y no tener que releer nada luego. Tener ya bastante porque mis detenciones en cada uno de ellos han sido suficientes para, si no retener sus historias, sí su placer.
Y como de eso se trata, de estar casi muerto de la envidi

a por no haber sido capaz de escribir esa literatura, pararme pronto ante tanta página cada palabra, historia, sentimiento, pasión, entrega de quienes fueron capaces de escribirlas, hacerlas luego mías, y ya está.
Esa será la faena que me he impuesto: hacer esa prodigiosa selección como si fueran a ser mis mejores amigos como en un comienzo de la vida que ya me queda un tanto lejano de posibilidades, pero nunca de intención. Porque a propósito, alguien me decía hace días, que estoy volviendo atrás, como recuperando lo que fueron quitándome para auto devolverme el mejor movimiento posible, una mayor calidad de vida.


Aunque no hace falta porque hemos quedado que me esperan únicamente para seguir acercándome a los libros, diez o doce que puedan seguir enseñándome la literatura que me hubiera gustado escribir. Pues que sea al menos, leer.