ME ADELANTO

 

 
 

Oct-09 Foto

He dedicado mi vida al libro, como tantas veces he dicho, y además me tuve que levantar un día de un asiento insistente, llamarle a la literatura “insuficiente”, como una especie de calificativo justo y necesario, salir al mundo...

 

 

     
 

exterior que entonces no podía hacer por mis medios, lograrlo a través de Internet, y volver a coger así de nuevo los libros entre mis manos, como más completo lo que entonces no era ocio, sino vida entera.


Con ese pronunciamiento, habiendo entrado así de lleno en un mundo que aportaba año tras año avances de la tecnología, no podía en cuanto apareció, quedarme indiferente ante el libro electrónico. Alguna vez ya he expresado lo que pienso, pero quiero en esta ocasión hacerlo sirviendo de introducción a una página más que alimenta a “acércate a los libros”.


Ya hace días precisamente leí en un medio de comunicación esta misma pregunta. No se trata de comparar ni enfrentar al libro editado que podemos abarcar con nuestras manos, pasar sus páginas, el delirio de añadir una nota propia, que su simple olor pueda ser un éxito, saber de su tacto, su sitio, su borde, esa especie de destierro cuando pasa demasiado tiempo para leerlo pero sigues teniéndolo en una mesa cerca.


El libro electrónico, no lo compras, te lo bajas, pagando obviamente los derechos de autor. Las megas de tu Tablet no los restas mentalmente. Los acumulas también si siguen formando parte de tu vicio de ir alargando así la vida, la vida que a estas alturas, amas ya a tumba abierta.


Me resisto a enfrentar dos formas de lectura, aunque leer debiera ser siempre únicamente evitar mirar, hablar, tocar a nadie. Leer tiene una ética que no sabe de modos y maneras, que no distingue el brillo de una pantalla con el sonido de pasar una hoja. Leer debe tener siempre la disciplina del placer, el vértigo irremediable de la palabra llegue hasta nosotros de la forma que sea.


No los enfrentemos, pues, llevémoslos juntos hasta el destino final que es la sublime espera de leer el libro siguiente. Leer, lo hagamos de la forma que lo hagamos o es todo o es nada. Es cierto el verso de Erika Martínez, “el silencio no sé de dónde sale”, es demasiado perfecto, lleva consigo el significado de la última palabra que he leído, en mi caso.


Es curioso, con el libro electrónico a uno le controlan los libros que al menos quiere uno leer, sus gustos, sus preferencias, sus pausas de lecturas, las prolongaciones a que obligan los libros de más de 500 páginas. Sin embargo, todo lo más, con tu librero habitual si te une una cierta confianza, puede echarte en falta el tiempo que haga desde que le compraste la última vez, o desde que al menos estuviste en su tienda, buscando las novedades que para ti ya no lo son.


Te adelantas, me dicen a veces. Ese es precisamente el secreto, lo busque en la forma de edición que lo busque. Me adelanto al adjetivo que va a utilizar el próximo novelista que se meta nada menos que a la profesión de novelista porque cree que su historia, que su metáfora o su adjetivo no lo ha escrito todavía nadie. Hay un mundo importante de autores noveles que cuelgan en la red su libro que no piensa editar tampoco nadie, y que luego en atención al número de bajadas, acaba viendo la luz editado, con ese papel especial que tienen los libros, que huelen a lo que huelen para mí, todo.


Da lo mismo, no sé las conveniencias comerciales de una manera o de otra en la forma de llevar un nuevo libro a manos del lector. Quienes leemos lo hacemos de cualquier forma. Yo pretendo justificar a veces –con poca diferencia de precio- la compra de un libro electrónico frente al libro editado con la excusa del sitio.


Jamás le negaré en mi casa el sitio a un libro. Es mentira que no caben en una casa por muchos que haya. Siempre caben, siempre hay sitio, siempre les encuentro sitio si no tienen a dónde ir.