CÓMO VOY LLENANDO LA VIDA

 

 
 

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Voy a explicarlo porque estoy muy empeñado en llenarla pues se nos da vacía, según palabras de Richard Ford. Precisamente ha sido él, con su novela “Canadá” quien me ha hecho pensar seriamente en ello y ponerme en la faena de explicarlo. ...

 

 

     
 

Partiendo del hecho que cada una de las horas, que forman parte de mi vida y que he dedicado precisamente a la lectura de su libro han sido una forma de llenarla, de hacerla más feliz.


Lo explicaré porque me interesa, me hace falta ya que cualquier tiempo de los que vivo dedicado a otra cosa es probable que no me vaya a traer demasiadas gratitudes. Son años en que nuestras experiencias más profundas son acontecimientos físicos. No me voy a callar del todo aquí porque constituyen pensamientos bañados de sentimiento y no puedo disfrazarlos ni engañarme, aunque es cierto que hay cosas en la vida que nunca se cuentan.


Lleno la vida con mi placer reducido pero inmenso. Cuando logro cómo estos días meterme dentro de un libro realmente espléndido me siento poderoso, hasta capaz quizá a no temer a los “acontecimientos físicos” que antes nombraba. He estado leyendo, nada menos que la novela de Richard Ford, “Canadá”. Habrá quién pensara, pues qué escaso andas ya de posibilidades. Puede ser cierto, pero la amplitud y la felicidad que he de buscar y llenar en mi vida ya por momentos es propia e intransferible. Ford dice “que si algo se apaga en uno es que se deja que se apague.”
Pues no lo querré, mantendré  viva la manera de llenar la vida que se nos da vacía, la que me queda, no escasa para mí, sino abundante y rica, pienso que hasta que poderosa. Hay que hacer cada vez, movimientos pausados, como los impone la edad y procurar sacar de ellos el mayor rendimiento. Hasta voy a utilizar un egoísmo humano que todos tenemos para dejar de lado todo aquello que entorpezca mi satisfacción venga de quien venga.


Vivo un poco ya como si el tiempo me debiera algo. Me gustan los infinitivos, ir encontrando en lo que voy leyendo las metáforas sin pudor, les iré haciendo sitio para llenar esa vida de que hablo. La vida avanza y no se equivoca, va poniendo a cada uno en su sitio, suele ser justa, pero para llenar ese cuenco vacío, uno tiene que estar acertado con sus gustos, sus ilusiones. Otra vez de la mano de Ford le tendré que dar la razón: “que lo bueno no es a menudo fácil de encontrar. Lo intentamos. Todos lo intentamos. Lo intentamos."


Mi área de elección es ahora corta pero enriquecedora como ha sido toda mi vida: un buen libro. Constituye una importante responsabilidad para mí mismo. Me ha de proporcionar el placer que tiene otras cosas a las que ya no llego. No concibo comenzar a leer unas cuantas páginas y abandonar un libro luego. ¡Atina en la elección! Estudia, infórmate, escucha tu boca a boca de confianza, evita así el derrumbe de páginas que quedan por leer, quizá las mejores.


Como tengo, digo, pocos espacios donde elegir, los que llenan mi vida, los elijo muy bien. No sé si con sabiduría –que alguna me habrá quedado ya a estas alturas- pero alargo la mano hacia la mesa que llamo de “los libros de espera”, siempre en búsqueda, como si fuera la perfección del adjetivo de que hablaba Azorín, con un extraño rastro de ternura para encontrar esa especie de esponja de palabras y actitudes ante la vida por parte de quien la cuenta, de quien escribe como una especie de defensa de estar solo que tiene tantas veces en la vida el ser humano.


Yo voy dejando rasgos de lo que pienso luego de leerlo en los otros, como decía llenando la vida ya despacio en el mejor mundo de los afectos a través de las palabras. Espero y deseo de ese libro bueno –a vueltas con la metáfora- que tenga a la vez una cintura ajustable para ganar en espacio.


Llenaré, pues, mi vida como me ha pasado estos días con la lectura gozosa de la novela de Richard Ford, libre, contento, casi arrogante. Y con el que viene después. Tal vez dormiré como dormía de niño, sin pensar en el día siguiente, para salir entero y volver a empezar la enorme lectura de la vida, sin acabar, al menos sin terminar mi cupo de satisfacciones elegidas.


Así voy llenando la vida sin saber bien cómo es mejor hacerlo. Allá cada uno porque como dice Ford "es un misterio cómo somos. Un misterio."