NO SE QUEMARÁ EL PAPEL

(Carta a Juan Cruz)

 

 
 

Oct-09 Foto

Estos días, Juan, con mi riesgo al empezar el día, con mi hábito, mi secuencia ineludible, he encontrado una defensa muchos ratos contigo, con tu empeño en evitar que lleguen a extinguirse esas dos especies, el periodismo, los libros, en suma la palabra escrita, el papel.

 

 

     
 

Contigo, con tu última obra, he aprendido con su lectura una manera de defenderme frente a la proximidad -todavía proximidad- de esa edad que ya no es edad, ni tan siquiera vejez, sino una cercanía a lo que Lledó dices que llama “esperanza de vida.”


Si se quema del todo el papel antes de irme, habré sentido en carne propia mi destrucción. Qué hacer con las paredes llenas de libros de mi casa, con las horas de una vida entera dedicada a ellos. Es mi historia, la única, la verdadera, leer la  vida que otros contaron, como acabas de hacer tú con “Especies en extinción”.


Tu libro tiene “la gravedad de los instantes”. Con tanta gente que has conocido, con la que has pasado tus horas, tus cafés, tus copas para siempre, tu insistencia. Yo que siempre he amordazado casi mi propia escritura con las palabras ajenas, desde las metáforas que parece que un día inventó Paco Umbral para todos los demás; yo que siendo estudiante, mi Facultad no fue la de las disciplinas de Derecho, sino la de la pasión por la lectura arrastrada desde niño, he sentido con tu libro entre mis manos estos días, que la Literatura, hasta como simple amante apasionado, puede justificar toda una vida. Y en tu caso lo fue desde el periodismo a la edición y otra vez al periodismo, de forma brillante.


Los personajes que desfilan por tus páginas tienen a la vez la vida y la profesión que te contaban y la que tú les has dado en tu memoria, en la hermosa narración para devolvernos la seguridad que nunca terminará el papel por agotar su vida con nosotros. Es cierto que la imagen y el sonido está robándonos el tiempo y el sitio más antiguo, pero como dices “la vida es crónica y suceso”, como tú has sabido contar y como sabes seguir haciéndolo, es muy cierto que tu libro y tantas horas que llevas escribiendo en libros y periódicos, impedirán que las llamas se lleven tus recuerdos.


Me ha ayudado al leerte, Juan, a recuperar la propia importancia que siempre tuvo para mí la palabra escrita. Todos somos vulnerables al dolor y a la muerte, pero a mí me viene sirviendo la palabra ajena, el amor y el respeto hacia ella cuando he encontrado un valor detrás para recobrar cada mañana un mínimo de resistencia. No me calma al pensar en Dios, ni Dios, tan sólo siempre los libros, la palabra escrita, tu columna cuando detrás de tu periodismo siempre hubo algo más, literatura.


Llevas razón cuando te preguntas “¿cuántas personas  tienen la posibilidad de aceptar su propia muerte antes de morir?" Pues sin aceptarla, Juan, cada uno hemos de ser capaces de al menos convivir nuestra vida con aquello que nos haga posible ser felices con nuestra dedicación. Eso es lo que se traduce de tu libro, de tus memorias más que escritas, sentidas. Has sido capaz en tus más de 400 páginas de captar mi interés no ya por los  retratos profundos y llenos de interés que trazas junto a tantas figuras de la literatura de nuestro tiempo.


Tu hazaña para mí está, en que no hay una sola línea vacía de sentimiento. Es cierto como dice Muñoz Molina que no es automático el paso del sentimiento al acto, hay, efectivamente un abismo entre medio. En tu libro, en cambio, en tu hermosa defensa del papel, tienes tal poso de sentimiento que dan ganas de inmediato en convertirlo en realidad.
Me ha llenado de felicidad leerte, Juan. Gracias por defender mí tiempo en el papel. Ejercí muy escasa y temporalmente mi labor de crítico literario en las páginas de un periódico local y ya en este tiempo que no sé si llamarlo de vejez o de permanencia hasta me permito la osadía de decirle a la gente en la red, lo que leo, de sugerir dónde hay buena literatura. Es fácil, porque es contar por dónde transcurre mi vida.


Salgo de tu libro, fuerte en la idea que no se quemará nunca el papel. Como dijo Vila-matas, se sale de una vida, “como quien sale de una frase.” Para quedarme en la siguiente. De Tu “Especies en extinción” llegaríamos muy bien a “La playa del horizonte”, a ese bar que contabas que ya estaba “absolutamente lleno de pupilas dilatadas.”