UNA FELICIDAD QUE LLEGA Y SE QUEDA

 

 
 

Oct-09 Foto

Eso puede ser un libro que esperábamos, que hasta para su compra la Distribuidora me obligó a hacer una pausa previa, lo pagué y llegó luego a mis manos. Es difícil para mí mismo que llevo tantos años leyendo, que tantos libros han pasado por mi persona llegar a formarla de alguna manera como propia pero proveniente de ellos.

 

 

     
 

La elección del autor,  muy prestigioso para mi gusto, reiterado en el placer, apuntando en una temática que de alguna manera necesitamos más que otras en nuestra existencia, pero que no es suficiente siempre.


Otro sistema que empleo es la búsqueda de ese nombre desconocido aún en el mundo de la edición, que nos hace sentirnos en cierta manera descubridores de quien aporta lo que va a a ser un mundo de posibilidades entre las letras. Pero no siempre cuaja o su posterior producción –si la hay- no despega hacia los límites que pensábamos. En todo este tiempo -yo que en su día fui un alumno de cursos de lectura rápida- he cambiado de bando, estoy en este momento parado, como un lector lento. Y voy convirtiendo mis pausas en esas citas literarias hasta formar hoy en día una base de lectura de varios miles de registros que constituyen la cima de mi cultura. Hasta en su día tuvieron un alto precio.


Por eso estos días –y a su crítica me remito- he gozado ampliamente con la lectura de la última obra de ese gran novelista que es Rafael Chirbes. “En la orilla”, además de ser uno de los mejores libros que he leído últimamente, una excepcional novela con el tema de la crisis actual como fondo, constituye un chorro de alta literatura, casi a veces leyéndolo, te dan ganas de decirle  a Rafael, no me cuentes tan bien las vidas que me cuentas. Para, tengo bastante.


He saboreado “la avaricia del instante”, he sentido con su libro la media distancia que tiene que haber entre escritor y lector, como un coro de compañía que formábamos, invencible, único, hasta dejarme cansado, “en la orilla”. La ruina de Esteban, su pobreza, el menú de su vida de la que nada se ha librado, su obsesión permanente, los motivos de su ruina y la nuestra.


Pero como siempre, qué poco me importa a veces leyendo el libro,  su temática, su contenido novelesco. Prefiero quedarme como dueño de esa felicidad que puede aportar un libro, como con un “Spa” de bienestar aunque sea un testimonio duro de esa vida feliz que llevábamos y que ahora se ha ido acabando o reduciendo para la mayoría de la gente. Todo y  todos somos más vulnerables y por eso me ha llenado de felicidad un libro capaz de testimoniar esa verdad.


Un libro puede, como en este feliz caso, recoger y aportar placer hasta las vísceras, diseña las vidas que cuenta y hasta yo, por mi cuenta, mi propia vida abierta, incompleta y provisional como si fuera a la vez lo anterior y lo futuro, lo cercano y lo distante.


Soportar y disfrutar el libro de Chirbes es como llevar puesto encima, el destino, que siempre pesa toneladas. Y aquí brilla el prodigio del lenguaje sin intentar por parte del autor que esto sea así. “En la orilla”, quedarse en esa orilla es como el lujo de unas horas de gloria, las que he ocupado leyendo, convirtiendo a no dudarlo esta vez, la lectura, como un vestido de mi vida y la veneración con que lo hace otro.


Me amenaza la vejez y por eso necesito más de cuatrocientas páginas para eliminar así su anuncio, Me he metido en este libro y a medida que lo iba leyendo me iba dando cuenta de lo difícil que me iba a resultar salirme de él. Esta escritura es un motivo, una leyenda, es sudor que no molesta porque puede ser recuerdo y sueño; son gotas en el tirante de la ropa de una mujer; puede ser una primera vez, una dimensión de sorpresa y emoción.


Su lectura ha tenido la larga y necesaria duración para poder decir desde mi página que se ocupa de las palabras que escriben los demás, que en este caso están todas puesta del tal forma y manera que pueden ser una solución a la soledad que tienen a la vez el escritor y el lector, similar, sin parte de atrás. “En la orilla” me ha traído una felicidad y una intimidad adulta y profunda..