Poesía.
HOMBRE EN LA NIEBLA

 
  Poesía

Jesús Bernal, a pesar de haber obtenido como es el Adonais un premio de poesía que viene lanzando a autores noveles, un poeta que ya había publicado en 2005 "Amar es mi ejercicio" un libro de poemas.

 
 

Actualmente su vida la ocupa regentado una librería virtual de libros viejos. Su "Hombre en la niebla" nos sumerge desde la naturalea en el primer poema a una forma de convivencia con ella, pero va mucho más allá en su intención. Él mismo confiesa que es "un libro reflexivo, sereno, algo amrgo". No puede estar mejor definido, y su tono más personal, sus mejores metáforas, su imagen más real está sobre todo en la última parte del libro. Es un libro elegante, preciso en su verso, no engaña, saca lo de dentro pausadamente, desde ess naturaleza del principio hasta "el silencio de la ropa" de su "oscuridad" en su parte final. Precioso libro que ha dado este año a su premio y sus accesis un altísimo nivel.

 

COTIDIANO

La lámpara, la mesa, los papeles,
la taza de café
y todos estos libros
piden el testimonio de una voz
para abrir en su seno una hendidura
que albergue a quien los nombra.

Estas cosas y yo
-como el amor y el daño- compartimos
un porvenir idéntico.

Cuando escribo no sé
si afirmo mi presencia junto a ellas;
tampoco sé si otorgo
a su pulso secreto
el pulso que sostiene a mis palabras.

ROCA

ESTA serenidad que da la roca
ante el Mediterráneo inagotable,
frente a su cuerpo vivo, sin distancias;
su rígida clausura, la quietud
de las negras escamas de basalto
ante la efervescencia de la espuma,
la tenaz cantería de las olas.

Algo de mí
sedimentó en el magma,
un hondo limo,
una arena recóndita, inmudable:
vida y sombra amasadas por el tiempo.

 

DEL VIENTO

AQUÍ yo soy del viento, de su oficio
hilvanando la luz;
aire recién lavado, sin memoria.

Me traspasasa el desnudo resplandor
que nace de la piedra, la blancura
de la ropa tendida en las terrazas,
la pulcritud del cielo.

Qué ofrenda, a mediodía, contemplar
los vencejos en torno de la iglesia,
las calles en declive,
el hondo anfiteatro de balcones
abierto a un mar de olivos.

Aquí yo soy del viento,
porque está vivo,
y arde.

 

NO SÉ POR QUÉ VOLVÍ

No sé por qué volví,
por qué detuve el paso -sin nostalgia,
sin determinación -en este sitio
que a fuerza de costumbre
he aprendido a querer.

Y me duele admitir que cada día
me cuesta mi tgrabajo imaginarme
lejos de estas montañas,
de este pueblo pequeño que amo tanto
y tanto me repugna, de estos bosques
que encuentro suficientes
e insuficientes, bellos, claustrofóbicos.

 

OSCURIDAD

TODO tiene su luz, su propia luz.

La cualidad insólita
de un tiesto en la penumbra del balcón
y la silla inmediata,
la absorta bicicleta,
los zapatos inmóviles, el limpio
silencio de la ropa.
Parecía
que todos los objetos
estuvieran ausentes

-disueltos sus colores y perfiles
en la noche profunda--,
pero advertí al mirarlos fijamente
que tenían su luz, su propia luz.

Tal vez la oscuridad
es sólo una palabra que insinúa
ese lustre apagado, ese destello
recóndito que nace de las cosas,
ese rubor ingrávido
que habita en la materia
y es casi imperceptible.

 

ME PREGUNTO

RECONOZCO que a veces no sé dónde
me encuentro, dónde voy,
me figuro que estamos
llenos de aquella claridad ( de nuevo
somos adolescentes), y no sé
cuánto he perdido, me pregunto
si esta suma de llagas, si este ir
y venir deshaciendo cada paso,
si esta demolición -este desprecio-
de todo lo que soy y lo que he sido
conduce a algún lugar.