MI PROPIO ESPACIO

 
 

Oct-09 Foto

Siempre fue el mismo, la vieja fascinación de la lectura, de comerme los tiempos de la vida con ella y como no es verdad que haya espacio ni lugar para todo, se me van quedando restos que aún no he conseguido.


 

 

     
 

Decirle a los demás que se acerquen a los libros no debiera ser nunca tarea ajena, sino de cada uno, una aspiración, su manera de ocio en ese momento, como una mano posada en vida ajena.


Pero se me reduce el tiempo, los recursos, hasta noto yo mismo haber cambiado la formas de lectura. Siempre junto al libro –en eso nada lo ha modificado- tengo un lápiz a mano, así fueron naciendo miles de registros con palabras ajenas con las comas bien puestas, las metáforas aprendidas, la manera justa de decir las cosas y de emocionarse con ellas con la expresión ajena.


Ando ya, no obstante calculando –yo que soy enemigo de los tiempos- la manera de acercarme a los libros en mayor cantidad y más pausadamente. Parece una contradicción, pero encontraré la manera de hacerlo. La dedicación al libro no se la puedo reducir, me pesa tan agradablemente entre mis manos que hasta me da lástima terminarlo. Las propias anotaciones han llegado a suponer en poder ajeno algo de indudable valor. Hoy día ya tengo decididas las manos a quién era dirigida nada menos que esos miles de registros con pensamientos y palabras ajenas que son un privilegio, el fruto imperdonable de mis lecturas.


Dejaré pues más pausa y tiempo a cada libro, ganará en intensidad para que se instale mejor el silencio, eliminaré cualquier tipo de prisa y asomar lo que pienso de cada libro en la red pública no quiero que sea una obligatoriedad sino un impulso para darle salida cuando sienta esa necesidad.


He dejado ya de hacer previsiones a tiempo concreto. Me tienta sólo en materia de literatura el libro que viene luego, está cerca, casi a la mano. No sabré ni su extensión, ni habrá plazo de tiempo de lectura. Robaré las horas necesarias de forma propia e inmoral, como sin marcha atrás, hasta con los ojos imperiosos y húmedos.


Puede ser, como otras muchas veces, arrancarle a la noche esas horas de vencimiento pero carentes de sueño por causa de esa ventaja que tenemos los viejos de dormir menos. Junto a ello, esa especie de cuarto propio que formo al levantarme de mañana, casi para invadir mi manera de tomar café, de renacer leyendo a continuación y estar seguro que ese día que he empezado no me lo va a robar nadie. Es una especie de rutina, lo sé, y las rutinas son una forma de envejecimiento.


Aunque tengáis –os lo advierto- menos veces mi página de acercarse a los libros, intentaré no qué sean mejores precisamente, sino que detrás de mí esté más seguro de la brillantez al menos para mí de los libros leídos. En una especie de límite de la piel y el tacto, anda eso de sugerir los libros- Voy a ver si consigo entender entre las páginas la vida imaginaria y entera de cualquier hombre y cualquier mujer. Mi cultura, a lo mejor se asemeja a la tranquilidad de la ignorancia, no es que entienda de libros –si casi ya ni los recuerdo- es lo más parecido a un ansia de vivirlos y para eso necesito tiempo

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Como ya para todo me hace falta el maldito tiempo. Pero con esta página que lee ya la suficiente gente quiero devolverle cada vez que aparezca mi agradecimiento y mi respeto, mi forma de coincidencia, voy a ver si consigo con cada lectura la máxima belleza, una belleza que se encuentra, se lee una vez y no se olvida nunca.

Me acercaré a los libros, pues, cuando pueda ser. Vamos a ver si consigo leer con alguien como mirándonos sin darnos cuenta que estamos leyendo el mismo libro. Porque "todas las cosas alcanzan y pierden el paraíso una vez al día: tu camisón a los pies de la cama." (Agustín Fernández Mallo