Lo que va quedando de mí

 
 

Oct-09 Foto

Las paredes de mi propia casa: aquellos libros que he leído, mi vocación porque he compartido siempre como ciertas las palabras de Jouvet, citadas por José Luis Gómez, “que la vocación no existe hasta que no se convierte en un. ...


 

 

     
 

“choix persistent”, una elección insistente”, lo que ha sido durante toda una vida. Y a estas alturas va quedando poco más, un mantenimiento para todo lo demás a base de los más antiguos esfuerzos, porque si no, los espacios son difíciles de llenar sin que te vaya venciendo el cansancio.

Puede ser una muestra,  una página de literatura en la red, un contarle a los demás los libros que he leído, los libros que me han gustado, desde de el verano de 2004 en que lo vengo haciendo, aunque falten algunos libros nuevos este mes, que estén todavía sobre el prolongado estante de libros “pendientes”, esos que me dijo un día en Segorbe, Josefina Aldecoa, que a lo mejor no leería jamás porque otros irían ocupando su lugar.

Nunca es falta de tiempo, lo tuve siempre para cada página como una ceremonia de obligado cumplimiento. No me lo restó el trabajo, ni las obligaciones personales, ni el ocio, porque leyendo lo he ido enriqueciendo minuto tras minuto. El tiempo siempre es nuestro y lo empleamos para lo que más queremos ¿Qué me pasa, pues?

Hasta fallo a veces en algo tan sencillo para mí: saber qué libro debo leer, cual debe hacerse sitio en las paredes de esas estanterías que veis y algunas que oculta la propia intimidad. Siempre supe antes por su autor, su temática, su tiempo de caución, diría yo, leyendo las hojas de cualquier libro entre mis mano, unas líneas al azar –mejor que una sobrecubierta del propio editor- que ese era mi libro casi para el día siguiente, sin pausa y sin enmienda. Hasta siempre tuve muy presente más que el contenido como decía antes, el poder de una narración que está más en cómo se cuenta que en lo qué se cuenta.

Busco que cada libro sea el mejor, inolvidable, que me deje la piel en él leyéndolo, hasta que no me importe en las manos en que terminaran luego. Conmigo  ya ha cubierto su ciclo, tiene sitio porque no existe un solo hogar en el mundo donde no quepan los libros que hagan falta.  A mí me han hecho falta todos siempre pero me cansa hablar ya tanto de ellos.

Pido perdón anticipado si me acerco un día al silencio, a que esa elección insistente de la lectura sea tan propia que no necesite divulgación alguna. Pido perdón si me fallan las fuerzas para sostener un libro como algo persistente, terminar de mezclar los deseos ajenos con mis ecuaciones y emociones interiores. Es que queda menos de mí, de todo y para todos; es que cansa el cansancio, apenas ya ni de estar seguro que un libro es bueno.

La vida se termina siempre a pedazos, no es frecuente que sea de una vez. Mientras, yo voy leyendo los libros más despacio y estoy dudando que sirva al interés y a la cultura de nadie, la que yo me ido fabricando, pero estas han sido mis huellas, mis pasos, la forma con que vivo mejor acompañado. La única manera que tengo de seguir de alguna manera resistiendo.