Poesía.
DINERO

 
  Poesía

El libro “Dinero” de Pablo García Casado es un magnífico conjunto de situaciones vividas por su autor, narradas con forma de lo que se ha llamado prosa poética de forma bella y clara y ...

 
 

añadiría convincente. Su autor es un poeta que ya figuró con su obra “Las afueras” como "Premio Ojo Crítico" convocado por RNE y “El Mapa de las Américas” también publicado por DVD. Un escritor de valía reconocida incluido como un renovador de la joven poesía española. Como he dicho, este libro vale la pena leerlo porque transmite en una prosa que para mí es honda, poesía, sus maneras de vivir, de sentir: su supervivencia donde “El tiempo cubre las cosas de una espesa capa de normalidad”; o esos novios que se despiden en la estación de autobuses hasta nunca con “labios preparados para amar”. Su poema “La lluvia” es inmenso, hay lluvia para todos y por todo. Así puede uno empezar de nuevo con este gran poeta.

LA LLUVIA

La lluvia sobre el vendedor que anuda su corbata antes
de subir a casa.La lluvia sobre la visera verde del taller
donde unas chicas flirtean con el mecánico que de joven
se tatuó un as de corazones en el brazo. La lluvia sobre
el cabello moldeado de la vieja que a duras penas con-
sigue alcanzar un autobus que está vacío. La lluvia sobre
el carro de la compra, legumbres, tomate, porciones de
merluza congelada. La lluvia sobre los cristales de la uni-
dad de cuidados intensivos. La lluvia sobre los cristales
progresivos de mi padre, que me llama por teléfono pre-
ocupado por mi situación laboral. la lluvia sobre el ven-
dedor que conduce despacio su automóvil. Que sólo
piensa en desaparecer, al menos, por un tiempo. Cambiar
de ciudad, alquilar un pequeño apartamento. Com-
prar un teeléfono móvil, empezar de nuevo.

HIMNO

Por ti las madrugadas y el estiércol, la mentira en la boca
y laa amenaza. Por ti agachar la cabeza, vender mi nom-
bre y renunciar a los sueños. Por ti el desvelo y la espal-
da quebrada. por ti colgar el teléfono, marcar de nue-
vo y decir, está bien, lo que usted diga. Por ti cosas sucias
de las que no me arrepiento. Porque tú me mantienes
con vida. La boca que se dibuja cuando estoy a punto
de abandonar. Tú, la belleza y el sentido.

FELICIDAD

Tú métete, verás como luego te alegras. Trescientos al
mes, quién no los tiene, un poco de aquí, un poco de
allá. Tú di que vas de mi parte. Préstamos personal boni-
ficador, `para buenos clientes, ¿por qué te vas a privar? Hay
que disfrutar un poco de la vida. Tú no te preocupes,
lo más que puede pasarte es que un mes te venga largo, y
bueno, todo se habla. Todo puede hablarse. No te pon-
gas dramático, a tus hijos no va a faltarles un techo y un
plato de comida. Sólo son trescientos, trescientos quin-
ce al mes, gastos aparte. La gente se mete, todo el mun-
do se mete, cómo te crees que se pagan las cosas.

SUPERVIVENCIA

Devora en silencio las sobras del día anterior. Patatas
frías que no comió el niño, pan, un poco de agua, es sufi-
ciente. No has vendido nada, ¿verdad? El eco de las pala-
bras rebota en los electrodomésticos. Hace años habría
temblado de pánico sólo con escuchar esas palabras, pero
el tiempo cubre las cosas de una espesa capa de norma-
lidad.

INTERIORES

La soledad de los programas nocturnos. Horas de azul
parparpadeando, hombres con cuchillos afilados, mujeres
con entadura postiza. El desorden del descanso fortui-
to, zapatillas perdidas, batas que guardan pequeñas mone-
das. Tazas, envases vacíos en la oscuridad, objetos huér-
fanos de nosotros, Huérfanos de ti, que te acostado
sin hablar del asunto. hay que esperar, hoy tampoco han
dicho nada.

COPACABANA

Desde la ventana, las luces del club, taxis de los que suben
y bajan apresurados clientes. Un coche se detiene en el
portal. La niña entra en casa, pómulos ardiendo. Hola
mamá, hola papá, una mirada esquiva que se encierra en
su cuarto con el teléfono móvil. La basura espera abier-
ta en la cocina, mondas de patatas y cebolla, las luces del
club parpadean en los azulejos. El padre cierra la bolsa
y se pone los zapatos.

CENA

Se les llena la boca cuando hablan de la casa. Cuando
hablan de dinero y del esfuerzo en ganarlo. Ella pasea
engtre sus cosas como una reina. Señala los manteles, los
platos, cada paño que atesora en los muebles de la coci-
na. Hay que hincar las rodillas y agachar la cabeza, dirá
él mucho más tarde. Pero ahora dan gracias a Dios por
estar como están, por tener lo que tienen. Pasra fresca,
queso de untar, un rioja discreto que apuramos como delicia.

MONOPOLY

Le gustaba que la llamaran puta, ¿cuánto vas a pagarme?
Él le metía un billete en las bragas, ¿es todo lo que tie-
nes?, y ella volvía a ponerse la falda, se subía el tirante
del sostén y la cremallera de las botas. Él entonces cogía
un puñado y lo tiraba a la cama.