LITERATURA BRILLANTE PERO OCULTA

 
 

Oct-09 Foto


Muchas veces yo mismo me he planteado las razones que me mueven a escoger las obras que incluyo en mi página de literatura cada mes. Es indudable que antes que nada prevalece un lógico criterio ...


 

 

     
 

de propio placer en cada lectura, pero acércate a los libros tiene un tono común: busco una literatura de calidad, no demasiado conocida todavía que pasa a veces desapercibida entre el mundo lector, pero que detrás de nombres poco divulgados hay siempre –según mi criterio luego de más de cincuenta años leyendo- un tono de calidad.

Con la última novela de un Premio Nobel como Vargas Llosa, por poner un ejemplo, ya tropezará cualquiera al entrar en una gran superficie un posible comprador de libros, no necesita que yo se lo avise porque antes habrá sido divulgada su publicación por medios de comunicación sobradamente. Y además, hasta se puede dar el caso, que cualquier gran escritor conocido que aparece de nuevo en el mundo literario, con esa su última obra, no de la talla que tiene.

En cambio hay libros que no tiene sitio en las mesas de novedades de cualquier librería, que hay que buscarlos, hasta a veces encargarlos, pero esta página quiere compaginar ambos placeres. He disfrutado hace bien poco con la última novela de Marsé y lo estoy haciendo con la reciente de Javier Marías, cuya reseña incluiré el mes próximo. La “Autobiografía de una viuda” de la Oates tiene ya sitio en mi mesa más próxima, pero no quiero dejar pasar una brillante literatura que pide ese nuevo sitio.

Este mes, sin ir más lejos, en el apartado de ópera prima, incluyo una colección de cuentos de la chilena Isabel Mellado, violinista de profesión en la Filarmónica de Berlín, que con unos prodigiosos relatos de “El perro que comía silencio”, ya no por criterio mío, sino en opinión de escritores reconocidos como Andrés Neuman o Eloy Tizón constituyen un prodigio de lenguaje y de serena imaginación.

Sí, a mí también me hubiera gustado ser capaz en esta vida de escribir como ese personaje femenino mirado por un hombre magro, “esfumato”, como un patrimonio de la humanidad. Y ya que no he sido capaz, ya que no lo soy como esos muchos escritores de escritura profunda y brillante, en mi tiempo de ocio a mi medida quiero descubrirlos un poco, igual que sin calendarios ni etiquetas de prestigio establecidas de antemano.

Es una literatura que podríamos llamar de rendijas porque por allí se cuelan en la pizarra de esta página mía de los libros. Hay una forma retroactiva de gozar con una literatura ya hecha y conocida, pero para esa nueva tengo como dice Isabel Mellado un abrazo que me crece dentro. Y no puedo callármelo, no puedo dejar de darlo.