Una estética arriesgada

 
 

Oct-09 Foto


Metido de lleno, cómo no, con las cosas que más me gustan, que me proporcionan placer, ando ahora con el quinto tomo de “Pequeñas Resistencias” con cuarenta cuentos a cuestas, "ríos de indómita...

 

 

     
 

tinta", con los hombres y mujeres, en muchos casos en la balanza ya segura de tener tan solo treinta años, he arrancado de este libro una estética propia y arriesgada, con su amor y su lectura, lo he convertido en la regla: cuando uno hace una cosa, lo hace toda su vida, por eso advierte Eloy Tizón: “al cuento se lo ama o se lo rechaza”, "tiende a los colores fuertes, la fiebre y lo adictivo". Y mira por donde, yo ando siempre así viviendo; me apunté como si fuera a estar siempre leyendo un cuento cada día, dedicado al amor con su hermosa estética arriesgada y su ética profunda. Amo desde ese mismo cuento de mi vida, mi manera de estar, mi práctica bien aprendida

Amo, porque el amor es como mi tierra, mi lugar de origen, mi cobijo, con forma de pecho y de cadera, destino y vivienda, un punto sin retorno porque no quiero volver, me quedé en él, es mi buena noticia al empezar el día, mi permanente compañía. Cual una bufanda necesaria para los fríos del invierno y la quietud de un libro sobre las piernas, a la vista está junto a mis palabras. Más allá qué importa, qué más da.

Amo a quien tuvo la paciencia de entenderme todos los días –y ya son muchos días- para que la entendiera yo a ella; a quienes pusieron sus palabras en este taller de escritura benévolo y tierno; quién cuenta los días que pasaron hasta que fui a por más amoxicilina en la botica de toda la vida; o quien sus maneras fueron el oficio incalculable de encontrarme el libro, en ocasiones sin aportarle los diez dígitos del International Standard Book Number, o cuando ni estaba editado pero iba pronto a estarlo. Mi "servicio de novedades" de ex librero es una manera de anticiparse a los deseos igual que cuando pregunto si me quieren.

Amo, porque es una actividad de permanente rejuvenecimiento ya que supe elegirla libremente como una manera de entender la vida. Amo, hasta convertirlo en eso, mi estética arriesgada, me conocen desde lejos, me ven venir, ya saben lo que voy a pedir. ¿Dónde está el riesgo? En querer lo mejor y poder obtenerlo luego con el equilibrio que me aportan las “Pequeñas Resistencias”, cinco tomos para leerlos despacio, y como está uno de acuerdo en amar el cuento, estar también favorecido para amar todas las cosas que me ofrezca la vida.

Me vale para apuntarme a lo que más me gusta y poder disfrutarlo luego: quiero las blusas con escotes imposibles donde sueñas poder llegar más tarde; que cada vez que me preguntan, ¿te gusta que te toque? no me quede posibilidad de respuesta porque viene enseguida otra manera de tocarme; desmontar las horas de la noche cuando ocupan el hueco de la propiedad de tu cama y luego quieren saber, si podían cambiarse de sitio. Así no me hago viejo, tengo como una petición de servicio permanente, de sorpresa recordando el brillo que puede tener el pómulo derecho que ande viendo, casi igual al reflejo de un collar de perlas.

Igualmente no me desparece el deseo, la comodidad de mezclar en la reglamentación del amor al cuento que estoy leyendo como un libro siempre abierto, con el amor que me favorece, me conviene, me aproxima a las personas que me quieren, me devuelve la voluntad de la propia prosa.

Hace escasos días me enviaron un vídeo precioso como felicitación navideña para hacer que en el año próximo se me olvidaran las penas del amor. A falta de penas, no obstante, es un hermoso homenaje de la Asociación Gayarre de Pamplona en el Día Europeo de la Ópera 2010, una demostración que la ópera la ha creado el pueblo y es para el pueblo, forma parte de esa cultura popular y sólida. Me la hizo llegar mi mejor psicóloga ya que no tengo otra psicóloga. Le añadí junto a las bellas romanzas de la ópera, tener un libro cerca.

Al verlo, al fijarte en las expresiones de la gente que llena el inolvidable Café Iruña de la Plaza del Castillo pamplonesa en una tarde de primavera, gente mayor, tomando sus cañas de cerveza, su bocadillo, gente joven con los niños al cuello de sus padres, todo representa a la vez que el asombro al escuchar la música cantada por los camareros del café, entre sus gestos, el amor de unos y otros.

http://www.youtube.com/watch_popup?v=NLjuGPBusxs&vq=medium