Otra tarde leyendo

 
 

Oct-09 Foto

Hace poco mostraba mi conformidad con uno de esos “Oficios ejemplares” de Paola Tinoco al decir que “las páginas de un libro, como la piel, no pueden ocultar el paso de los años”.

 

 

     
 

Cada mes, cada acercatealoslibros, cada libro, como cada pie de vida, no es que no permite ocultarlo sino que es una exigencia junto a mis ojos leyendo. Me noto a la vez la piel y los años, en las sugerencias, en el libro del mes, con la poesía.

Pero yo le he creado un atractivo –no sé si alguna vez lo he comentado- mientras ando ya, por ejemplo, entre algunas de las setecientas páginas de mi despertada pasión por la Oates -por su “Mamá” o por su “hija del sepulturero”- y así tengo ya siempre cerca esperando el inmediato libro, las próximas páginas que delatarán con la piel mi edad, por elegirlo antes para como he dicho sentir su proximidad. Es realmente fascinante decir: cuando acabe, me pondré a leer….

Pasaré con las horas de ese día, otra tarde leyendo, de esas que interrumpe alguna entrañable amistad llamándote; me resultará quizá incómodo el grosor de una de las largas novelas voluminosas para leer en la cama; o en cambio la levedad de un libro de versos será motivo de entrañable compañía en las primeras horas que ya le he robado a la mañana, junto al primer café y la música que pongo baja para que no se vayan a molestar los vecinos.

Pero este asunto de los años, de los libros, de lo que forma parte la vida y la piel, estoy empezando a llevarlo en perores condiciones. Ya me parezco al panel de novedades de una librería puesta al día, cerca de casa, no puedo alcanzar, como es lógico, ese caudal que va llegando de más de cien libros diarios, que el librero tiene que etiquetar, informatizar, hacerle sitio en los estantes y en ese puesto privilegiado de la entrada para que sepas de inmediato que ya puedes leer la última novela de Ferrero, con sus personajes que se pierden y luego saben encontrarse en un determinado momento ante el hecho abismal de la vida, porque así con el preludio de la pérdida, saben y pueden hallarse y volver a disfrutarse.

Quizá como a otras cosas, como la propia escritura, habrá que hacerle hueco para la pausa a la lectura. Me sirve la advertencia de Josefina Aldecoa, no lo intentes el poder leer todos los libros que quieres, ni los que en su día hiciste paso a las estanterías de tu casa. Luego pierden la actualidad del momento, se escapan así buenas novelas, que tengo de nuevo en la mano para ver si me sirven para establecer el recuerdo del prestigio que en su día para mí tuvieron al adquirirlas. Tendré que hacerle sitio, pues, inevitablemente, en la página web porque sería lo que quizá en su debido orden de antigüedad leería aunque sean libros de hacer dos o tres años o más. Ya lo aviso así para próximas páginas mensuales.

Habrá que hacer en algún momento, pues, punto y aparte, dejar establecido lo que ya he leído con el rigor y la exigencia que motivaron su atractivo, su lectura, sus páginas que me iban a empezar a robar los años; y lo que sea motivo de esa pausa, de ese libro ya con su sitio pero sin tiempo, hacerle esperar cuanto sea necesario, no sea caso que deterioren demasiado sus páginas la edad que una vaya cumpliendo junto a la esperanza de vida que notas en cambio.