No sólo leo para mí

 
 

Oct-09 Foto

Esta página de literatura que cuelgo más o menos cada mes en la red, que me inventé cualquier Agosto leyendo mientras desde una terraza le notaba el mar a los demás, supone la manera de

 

 

 

     
 

recomendaciones- los libros que estoy leyendo a un grupo de amigos y amigas, más los mirones, pincha páginas que un día descubrieron esas lecturas propias, y que ya son un millar más o menos (y los millares siempre son cifras que establecen un punto de partida para seguir haciendo algo) es como digo una obligación de esas que establecemos como propias los que todavía no queremos que nos retire la vida de la vida.

Hace días en mi nuevo blog, con un enfoque más literario, http://esfuerzodellenguaje.blogspot.com contaba precisamente la comunicación nada casual que se puede producir entre dos seres, unidos días más o menos, con la misma lectura, diría más íntimamente, con el mismo libro. Un apunte de mi próxima inclusión de “Ave del paraíso”, de Joyce Carol Oates, sirvió para despertar el interés por conocerlo y la satisfacción al estarlo leyéndolo dos personas al mismo tiempo. Allí quedó bien explicado, sin saberse del todo los gustos, aunque conocer a alguien es imposible que evite saber algo de sus maneras a la hora de escoger un libro. También emocionó el cultivo del cuento, apasionado e insistente de la página del mes de Septiembre. Quedaron repartidos 40 ó 50 cuentos, como posibles maneras de ir a ser o ya haber sido grandes novelistas.

No sólo leo, pues, para mí, os acerco los libros con los que he estado o en una Biblioteca Pública o en mi librería ojeándolos, tomando hasta allí mismo notas de ellos, estableciendo el fortín de mi estante de libros reservados –los que allí están, pronto los tendré a la mano-. Leo para estrenar, para curiosear, para amar los libros todavía no amados como si luego fuera a estar seguro que iba dejar en unas páginas de Internet mi criterio seguro, igual que se puede tener quizá un valor, de alguien, de un hombre o una mujer.

Leo como si fuera hacer sexo ilícito para invitar a que lo hagan otros luego. Son mis libros leídos, caminos, pisadas donde estuve o quiero ir. Es mi sueño y mi paz, puede ser una terraza que sustituya al mar por tenerlo más cerca. Leo para no acordarme de los días malos, algunos que llegaron uno tras otro o pueden venir. De lo que vino, me sirve como si apretara la tecla suprimir del ordenador –mágica y peligrosa- y me lo suprimiera. Ese mal día que todos tenemos a veces, os lo puedo asegurar como una especie de superstición humana, leyendo, me pareció menos malo y fue la antesala de los buenos.

Todo esto, pues, todos estos principios de movilidad imaginaria que también me aportan los libros, me hace simplemente, no leer para mí solo, sino para que alguien lo haga conmigo y me lo diga luego. Es intercambiar comodidades, es hacer lo mismo como llevando un zapato cómodo y vejo y recomendarlo luego. Todo eso me sirve para insistir en que todos tenemos tiempo para hacerlo y nos vamos a sentir bien luego.

Hay también en mi página una insistencia en saber quién va a ser luego un buen novelista. Una primera novela me avisa, sé buscarla y elegirla –os aseguro que nos fácil en un mundo editorial excesivo en ediciones y escaso en lectores-. Pero esa primera novela que descubro, que me enamora, me sirve luego para pensar que leyéndola es como si le estuviera dando a una mujer también el primer beso, impaciente y torpe, más húmedo de lo que creía, pero más verdadero.

No me olvido del mundo de las posturas, como la modelo de un fotógrafo: se puede leer histórico, como esa lectura inolvidable antes que empiece el día del todo; o cansado y humilde para derrotar ese cansancio cuando llegue el sueño; con una aspiración imposible y poética “en el oro del hombro de una muchacha/a la que no le queda apenas tiempo” (Juan Bonilla). O apacible, haciéndote a la casa con una mujer al lado que inventó mejor que nadie la compañía.

Venir conmigo, pues, cada mes, cada vez a ver los libros que he leído por si os gusta alguno, coincidimos, nos lo decimos, igual como la vida puede cambiar con una gran rapidez durante todas las horas que hemos estado leyendo, os invito a intercambiarnos de esta forma los libros, a tener la osadía de deciros este es bueno, a empatizar entre nosotros como si fuéramos del mismo vecindario y nos pudiéramos contar la vida que te expone hasta la muerte que no llega.

No lo olvidéis leer tiene un tacto especial, un ritmo lento que enriquece, una forma de ser que no la ha inventado nadie, deben ser los propios libros.