"Ven, y pondremos verdes a los vencedores"

 
 

Oct-09 Foto

Voy sintiéndome cada vez menos seguro, pasa el tiempo y entiendo menos a las personas y sé menos de las cosas. Voy notándome viejo en eso, dejando que si el tiempo me vence en la prisa, yo, sin...

 

 

     
 

embargo, voy cada vez más despacio y además mis movimientos son más equivocados. Me empeño en moverme, eso sí, con dolor y sacrificio, es como una obligación diaria que me pusieron desde el día en que casi me quitaron del todo el movimiento, hace 22 años. Me asusté por si me iba a quedar sólo con la literatura, me dijeron hasta donde llegues si es que llegas, y ellos no sabían que yo siempre en la vida me he marcado metas lejos aunque nunca llegara a alcanzarlas, daba lo mismo, aprendía luego el llanto de haberme quedado lejos, el reducto de la soledad a tiempo, el ápice amargo y didáctico de cada fracaso, nunca sentí la obligación de triunfar a toda costa.

Porque en realidad no me ha gustado excesivamente el triunfo de los triunfadores, acaban dando mal resultado. Como estos días he leído tres o cuatro veces seguidas un libro de versos de Kirmen Uribe, un extraordinario poeta vasco y ya luego Premio de la Crítica en Narrativa del año pasado, me he quedado pegado a esos versos, poema tras poema con un placer lento. He estado de acuerdo con él, con Uribe,…"Sea un secreto, un error o un gesto. Ven y pondremos verdes a los vencedores".

Lo digo sin envidia porque yo no he vencido nunca, ni he querido ni he podido, perdía en las discusiones, en los balones del patio del Colegio, me callaba –aunque eso como todos- de las caricias del Padre Prefecto, indignantes e impúdicas, mucho más que la impudicia que he podido tener yo luego. Ya veis después, he cumplido, estoy cumpliendo en las páginas de este escritorio público la raíz del poema de “Mientras tanto cógeme la mano”:

"Ven, y hablaremos de las cosas de siempre.
Del valor que tiene ser amable,
De la necesidad de arreglártelas con las dudas,
De cómo llenar los huecos que tenemos dentro."…

Todo eso vengo haciendo en este rato largo que ya tengo con el pequeño inconveniente que tiene la vida que pasa y termina y ya no viene luego. Yo aquí estoy más tieso que un ocho, más mío que nadie, más presente, con más dudas pero a lo mejor más calidades humanas, esas que te dan al hacerte viejo. Los demás te engañan, te dicen que tú no eres viejo porque vas como puedes amueblándote los mimbres enredados del cerebro que te dieron, yo me apaño con los libros, y como veis con un libro escrito en verso que termina por decírmelo casi todo. Hasta me avisa, para cuando yo venga aquí a hablar de las cosas de siempre, me da permiso para explicar con las mujeres la larga tradición que tengo con ellas, de quererlas, de llamarlas, de contestarlas como si tuvieran siempre “el pubis convertido en alga” que cuenta Kirmen Uribe.

Ya lo veis mi fracaso, que me ganen de una vez los vencedores pero me dejen al menos, fijaros, moverme como pueda pero estar contento, que no sean capaces de quitarme el sueño luego, ya que deben vivir los sueños en lugares donde nunca duermo; porque, además, no nos engañemos la Medicina no ha descubierto prolongar la vida, sino acercar la muerte lentamente hasta que te des cuenta. Por eso todos los que estamos más cerca posiblemente de ella, sólo pedimos un respeto y un cariño. (…”no quiero promesas, no quiero disculpas/tan sólo un gesto de amor”…) Estamos, los viejos, cruzando cada día un posible nuevo riesgo, porque sin riesgo ni puedes vivir ni te vale la pena aunque pudieras. Aparece su consecuencia de repente, y tú no la habías llamado ni sabías la naturaleza de cómo iba a ser luego. A lo peor terrible.

Aquí siempre acabo hablando de lo más difícil que tiene la vida y lo más hermoso: hacer el amor en cambio, esa dulce heroína de otro tiempo, que a veces puede ser simplemente el beneficio del silencio, la proximidad de una caricia, u otra vez el verso del poeta: “Si embargo si me dices “mi amor”/siento un escalofrío/sea verdad o mentira."

No lo puedo evitar en esta especie de homenaje a Uribe al leer tantas veces sus poemas, que me haya dado cuenta que no acabo de arreglarme con las dudas, que las sigo teniendo, que lo único que sé para solucionarlas, aparte de estar tantos ratos leyendo libros y contándolos luego, que no existen vencedores ni buenos, ni morales de línea recta que nunca sabe uno quién la ha puesto. Están y seguirán estando esas dudas y lo único que podemos hacer, lo único, es arreglárnoslo como hacían antes, como he hecho yo luego, desde aquella tarde en una silla de ruedas y malos vaticinios para el movimiento, queriéndonos entre varios con la tecnología a cuestas: los blogs, los nick’s, los mails, la caligrafía enterrada para siempre y el impacto de ese correo electrónico en que a veces no te vale para tragártelo estar más tieso que un ocho.

Terminaré también con Uribe:

…”Todavía tengo la postal que envió desde la mili:
“Yo bien, tú bien,
mándame cien”

Ahora es lo mismo: yo bien, tú bien, ya no pido cien sino las palabras de amor que hay en los comentarios de mis post de ellas. Puede que me sirvan para arreglarme mis dudas que todavía tengo dentro