Libro al libro, cine al cine

 
 

Oct-09 Foto

E igualmente añadir música a la música. Incorporado como estoy a las nuevas tecnologías ya hace años, a nadie a estas alturas debe extrañar que a través de la red cualquier página de buscador de links facilite gratuitamente la descarga de libros,...

 

 

     
 

películas, música. Al mismo tiempo entiendo y admito el legítimo derecho a la propiedad intelectual.

Quizá con mis antecedentes y mis prácticas sea un ser extraño, pero considero que ese derecho de sus autores por el que he pagado muchísimo dinero para tener mi casa llena de libros y de música y seguir acudiendo al cine, para ver cine, no puede respetarse en el mundo que vivimos. Si un Juez cierra una página de descargas, a los diez minutos estará creada otra nueva página igual, si se cierran diez, se abrirán veinte. Es intentar ponerle puertas al mar. Hasta ya hay creada una página llamada” lalistadelinde.net” para apuntarse, ofrecer sus propios datos al Gobierno. El tipo de decreto ley no importa, su ejecución ni la rapidez frenará las tecnología que hemos creado y de la que estamos haciendo uso.

Libro al libro, cine al cine, música a la música, pero Internet no tiene freno de mano, ni ilegalidad evitable. Es muy duro para cualquier autor ver su obra, sin coste alguno, en manos de cualquier usuario de la red siempre barata aunque España sea uno de los países más caros en tarifas de la Comunidad Europea.
Luego ante tal derecho lesionado, qué freno poner. Ninguno, pienso, aunque venga establecido por cauces perfectamente legales pero, inútiles en la práctica de cara a las posibilidades de nuestro mundo en este siglo. Le pedimos cada vez más a la técnica para mejorar nuestra vida y eso entraña lesionar los legítimos derechos de tantos cerebros en la creación.

Ya existe, como digo, una página que grita ¡apúntate a la lista de la censura! Y me pregunto donde habrá que apuntar el cariño que pongo cuando compro un libro y pago los derechos de autor; o cuando escucho con su mismo canon detrás; o en la taquilla de un cine. No quiero que esas películas descargadas desde una página vengan luego en una llave de memoria conectada a mi televisor. Quiero ojear, acariciar, comprar un libro. No necesito una prohibición estéril del Gobierno, estoy yo antes, el mismo que desde un ordenador crea y realiza y piensa y estudia y vive y obtiene miles de posibilidades.


Seguiré conjugando ambas actitudes: buscando el libro, la música y el cine, porque no me puedo creer la utopía de cerrarle las puertas a la red.

.