El servicio de novedades

 
 

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El mundo editorial en España funciona de una manera muy peculiar y a mi modo de ver absurdo. Se trata de un de los países de Europa de más bajo índice de lectura y al mismo tiempo de mayor volumen editorial. ¿Contradictorio, no? Pero hay un tema peculiar que todavía me llamó más la atención –aparte de conocerlo de mis tiempo de librero- que el otro día me comentaba la encargada de una importante librería de la ciudad de elevada venta y con cierto buen criterio a la hora sino por su lectura, por las referencias, de ir conociendo a los clientes y recomendándoles algún libro. Se trata del servicio de novedades.

 

 

     
 

Periódicamente –y en estas fechas, cerca de Navidad, en abundancia- reciben de las diversas distribuidoras grandes cantidades de novedades en enormes cajas que se amontonan al fondo de la librería. El sistema a seguir es arduo: comprobar los envíos con los albaranes de entrega en donde se aprecian muchos errores; etiquetar cada libro a mano para incluir al menos autor, título y precio; darlos de alta en el ordenador de la librería y posteriormente colocarlos en sitios lo más visibles posible. Me comentaba dicha encargada que incluso por falta de tiempo y conociendo la procedencia poco comercial, hay cajas que se devuelven a los tres meses sin abrir.

¿Qué sentido tienen estas “novedades” de cara al público y su posible venta? Ninguno. Me rebelo, me rebelo por el mal cuidado de escribir un libro, conseguir la edición del mismo y ver su autor como pasa desapercibido –bueno o malo- ante el posible comprador, y lo que es más importante, lector. Me rebelo y me indigna y entiendo que el exceso de trabajo, la escasez de mano de obra por motivo de costes en las librerías, obliga a este funcionamiento tan triste del llamado servicio de novedades.

Uno de los placeres que más goce me producen al comprar un libro, es conocer su inminente aparición, por referencias de los suplementos literarios, por la red, por los blogs de sus propios autores, estar “esperando” la llegada del mismo, y terminar dicha espera haciendo abrir alguna de las cajas donde dado su origen debe venir; llevármelo sin etiquetar, olerlo como más nuevo que los nuevos, ser casi como si fuera su mejor lector así, tenerlo cerca de mi, recién ha estado en las manos de quién lo escribió.

Sabéis que el mundo del libro es casi propio, por eso este mal funcionamiento de algo que debiera ser las alegrías de nuevas publicaciones, la llegada a las librerías, a sus puntos de venta, a sus escaparates, me entristece y me rebelo contra él todo por la razón de un excesivo fondo editorial, de un ir y venir de los libros sin que tengan su “tiempo” al que tienen derecho para que las manos de un posible lector los ojee.