Poesía. La noche no tiene paredes.  
  Poesía Esta última entrega con 83 años de José Manuel Caballero Bonald, “La noche no tiene paredes” es un libro de parada y fonda, de recuento en la última estación de su vida, luego de “Manual de Infractores” en el año 2006 y de su recuento general “Somos el tiempo que nos queda” anteriormente. Él mismo poeta ha dicho que es una suma de últimas voluntades y a los que le hemos leído con pausa y cariño nos ha pasado un poco que nos ha contagiada su propia identidad, su propia espera.  
 

Aunque pueda parecer una forma de despedida, viene a ser lo contrario: “esa insistencia/ soberana/en la celebración de estar viviendo.” “No luché con nadie, porque nadie mereció mi lucha”. Ni cobardía ni derrota, es el verso de Walter Savage Landor que le da pie a Caballero Bonald a su obra. Hay como un relato de constente pérdida entre las cinco partes en que está dividida su obra: “La edad me ha dido dejando/sin venenos, malgasté/ en mala hora/esa fortuna/¿qué más puedo perder?”. Hay en la poesía meditada y lenta de Caballero Bonald, pueds yo lo que ya dijoal compendiar su obra, que “somos el tiempo que nos queda”, y al retroceso lo llamamos vida, y a él sabio. Se le termina la noche y se le acaba su aventura, pero nos deja todavía un verso puro, limpio y cuidado.

 

 

LA NOCHE NO TIENE PAREDES

 

CUERPO DESNUDO YA NO TE CONOZCO

Cuerpo desnudo ya no te conozco,
llegas de lejos y desentendido,
te acercas con despacio
¿desde dónde?
permaneces inmóvil frente a mí
y ya no te conozco.

Relámpago tenaz, persistes
como una flor de otorgaciones
y trascurres lo mismo que esa luz,
un vago lienzo triste tremolando
entre las raudas cláusulas del tiempo.

Cuerpo desnudo, pedestal de niebla
donde se juntan finalmente
las fases del temor y sus contrarios,
dulce efigie carnal a quien ya no conozco.

 

LOS RELOJES COTEJAN CON EL TIEMPO

Los relojes cotejan con el tiempo
sus posibilidades de supervivencia.
al fondo, aguas abajo, pasan
los días como alas, las horas
como ojas, dejan
una herrumbre tenaz por detrás del recuerdo.

Qué obstinación la de esas lacerantes
ráfagas de los días, cuando
los relojes cotejan con el tiempo
sus posibilidades de supervivencia
y la vida se opone incautamente
a seguir esperando que llegue el porvenir.

(Horloge! dieu sinistre
Baudelaire)

 

PRONÓSTICO

En ese incauto instante que antecede
al olvido, ¿qué ocurre
por las densas cavernas
de la imaginación, donde termina
la lenta luminaria de los años
y comienza el vacío
a ocupar las rendijas remotas del recuerdo?

Tantas noches en blanco, tanta
Fugacidad sobrevenida, tanta aplazada
Lucidez, ¿dequé ha servido?

Oh memorial de nadie, oh tentación
De sandar el tiempo cuando ya no subsisten
Sino tercas opciones a rescindir la vida.

 

FRENTE AL ESPEJO, LA AFANOSA MÁSCARA

Frente al espejo, la afanosa máscara:
los remisos bosquejos de los años
reproduciendo apenas una imagen
difusa, los trazos malogrados
del placer.
Ya no te reconoces
sino a ratos perdidos, humo tenaz
de esos cristales inclementes
empañando el pasado y el charquito del tedio
allí dentro embalsado como una decepción.

Oh dioses despiadados
que ciegan con engaños el vidente.
El negro espejo roto del recuerdo
En los oscuro te observa
y allí descubres finalmente
el funeral reflejo de una máscara.

 

CITA INCUMPLICADA

Ha llegado la hora
¿y tú
qué estás haciendo, donde
vas a esperar desde tan tarde?

Resiste mientras tanto en esas barricadas
que atajan la embestida de los años,
corre hacia dónde huye la memoria

(ya tú sabes),

Vuelve otra vez al sitio donde estabas
O quédate más bien donde aún no has llegado.

Tu tiempo empieza cuando ya te has ido.

 

CAMPO DEL SUR

En esa barandal contra el que rompe
su antiquísima cólera
el tenebroso mar, ví yo una noche al dios de los
creyentes.

Una luz repentina y de potencia incongrua
vertiginosamente desplazada
desde el no sitio hasta mi parte oscura,
una exhalada unción del desconocimiento
estacionada en lo más lúcido de la concavidad
de la conciencia.
Y luego el humo
¿el humo?,
La vibración de un vaho fluyendo desde dentro,
La gran verdad en fulgurantes moratorias,
Y ese letargo oblicuo, esa porosa dejadez
Que iba rompiendo a tientas las ataduras de la
Plenitud.

¿Sentí y todo eso o fue una antigua desazón
desplazándose en luces inasibles
por las perturbadoras rutas de lo invivido?

(…hasta que mi mitad de luz se cierre
Con mi mitad de sombra.
Juan ramón Jiménez)

 

CUANDO LA NOCHE ACABA

Renuentes y anónimos, los hijos
de la noche delatan su impresencia
y alguna vez acaso te conducen
por las privacidades, por las cámaras
y trastiendas
vagamente tortuosas
de una ciudad que no conoce nadie.

Con ellos llegas hasta el borde
de una zona prohibida, pero no
entras en la demarcación más codiciada,
aquella en que la vida se vuelve impredecible.

Te quedas justamente donde las puertas
se abren
a los mas polvorientos domicilios
de la memoria, allí donde se hospeda todavía
ese imposible personaje
a quien has detestado desde siempre.

Cuando la noche acaba, acaba tu aventura.