El servicio de novedades

 
 

Estos días una revista literaria tuvo la idea de entablar conversación con cinco libreros destacados de la geografía española para preguntar qué hacen en casa en sus ratos de ocio, si leen, si tienen pocos o muchos libros y cómo los tienen, si la línea que debe dividir su profesión y su vida que trazan los libros, cómo la entienden.

 

 

     
 

Muchos saben que yo he sido librero, pero quizá desconozcan que sigo siéndolo, que comienzo el día con un libro en la mano y lo termino igual. Que aquel “rincón de lectura” de lo fue mi librería unos años, por donde pasaron escritores de relevancia, incluso posteriormente Premio Nobel -como fue el caso de Cela- para comentar sus obras, ese rincón es mi casa entera ahora.

Cada librero de los entrevistados en la revista muestra como es lógico comportamientos diferentes: desde quién tiene libros hasta en el cuarto de baño hasta el que indudablemente no se lleva el trabajo a casa. Pocas consecuencias de interés he sacado, pero una importante y que en esta introducción de “acércate a los libros” quiero resaltar.

Es muy difícil ser un buen librero o librera, actualmente, por la sencilla razón que en España se publican al año más de 70.000 libros. Es imposible, aunque cualquier librero -buen aficionado a la literatura- sepa seleccionar aquellos libros que deba leer para informar a sus clientes conociendo más o menos sus preferencias, que abarque mínimamente un área de esas proporciones. Todo el mundo tiene derecho a escribir, pero luego -como ya alguna vez he indicado- se verá manejado a la hora de componer sus escaparates y mesas de novedades por el criterio del distribuidor.

Las listas de libros más vendidos las fabrican los mismos de acuerdo con los editores y con los dineros que han anticipado a los autores. Nada más lejos, pues, que se trate realmente que su venta sea mayor por recomendación del librero o por el boca entre personas que tenemos el vicio de la lectura.
Tiene uno que hacer de librero, pues, buscar sus fuentes de información, seguir cultivando su atracción sobre determinada literatura o autores preferidos, ojear libros y elegir, mientras uno aparta las montañas acumuladas de aquellos que el marketing de las editoriales ha decidido que sean las obras para vender y más en fechas señaladas.

Únicamente pretendo con mi página, señalar algunos libros cuya lectura me ha agradado especialmente, vivir así intensamente esa hermosa maldición de no terminar nunca de leer lo que uno quiere leer. Mi debilidad es la debilidad del otro, del libro que me llama. Es lo maravilloso que tiene el libro, le gusta darme placer. Empiezo el día y doblo la almohada con él. Houlleberg ya avisa que “vivir sin leer es peligroso, obliga a conformarse con la vida.”