Eres lo único que tengo

 
 

Dijiste esas palabras - porque no tenías además otras más reales, aquella mañana al salir de mi casa. Te marchaste como un ejemplar que forma parte de mi vida, asombroso, seguro en su elección, abrazado a mí. Optaste por ser libre – me lo explicas cada vez, y la libertad es un pesado fardo al que teacostumbras igual que a la muerte. Para ser libre has suscrito
la soledad en tus entrañas como una vocación secreta...

 

 

     
 


eliminaste los códigos para acercarse y alejarse, vienes
practicando un arte que no es capaz de aprender casi nadie, una
sensación que te noto cada vez mirándote la mirada.Lo nuestro, de lo que hablamos cada vez, ya carece de respuestas, no pueden provenir de ninguno de los dos. Tú has tenido siempre –y sigues teniendo, el poderoso cerebro donde podían estar las claves de lectura de cualquiera.

Eras perdedor como me siento yo, pero cuando querías, eras capaz de abarcar, doble y mitad. Ahora, cada mañana que nos vemos lo tenemos muy claro, hemos asimilado la vejez, se nos ha terminado nuestra dosis de cuerpos frescos y nuevos, hasta si quieres no tiene
demasiado poder el poderío del presente.

Lo único que cabe hacer, es lo que tú has hecho este veranoesperarme, como la imagen de ese niño que no puede ser nadie más que tú esperando mi vuelta. Yo traería los cansancios de la supervivencia inevitables pero no elegidos, intercambiaríamos al volver a vernos las imágenes de antes como cromos infantiles de desahogo y paciencia. Hiciste perfecta la espera porque la vida es lo que hacemos, lo que esperamos, lo que no pudimos hacer. He procurado no entretenerme más de la cuenta porque sé que vivir esperando desgasta. La espera es un ángulo, Gavilán, y en su vértice siempre surge el encuentro.

¿Qué vamos a hacer ahora? Lo que veníamos haciendo. Tú traerás
cada mañana que vengas a casa esas dosis de memoria desde nuestros antepasados y ese poder que tienes es tal que puede desplazar la realidad. Vas sembrado cada vez detalles de tu memoria que hemos vivido juntos, los desgranas despacio, a veces tienes tanta minuciosidad que pienso que te los inventas.

La mía es muy propia, únicamente me vale como el atlas de mis lecturas esparcidas por la casa, el itinerario de los libros, las pausas en cada cita porque ya lo sabes, escribimos lo que escribieron los demás, más o menos, es como mi manera de ir leyendo. Las menciones de esas citas en tu caso no requieren escritura, están en tu cerebro, te han cabido, no se salen, te vale la selección del recuerdo.

Miro de nuevo a ese niño esperando y te estoy mirando. Somos –si te parece, unos adolescentes para siempre con una forma de envejecer que no tiene historia. Hemos inventado entre los dos una especie de resurrección de lo que dejamos mucho tiempo en suspenso sin tener que morirse antes porque vivimos en un mundo donde está como prohibido envejecer.

Tú lo entiendes mejor porque necesitas poco, te arreglas con cuatro cosas, te mantiene vivo tu cerebro, con el que llegaste a saberlo casi todo. Me dejaste poco sitio, pero no importa el sentido de la vida es su carencia. Tuve mucha menos y me equivoqué al querer tanta. Ahora, no me importa, me siento muy orgulloso de sentirte tan cerca, como una metáfora insolente –ya sabes mi manía por leer tanto a Umbral, he tenido la ocasión de que vinieras a quedarte, a esperarme cada vez que me aleje con el heroísmo de los que carecemos de futuro.