Paciencia e incertidumbre

 
 

Pero no me quedaré desnudo de incertidumbre, de saber qué viene luego para esclarecer toda cosa complicada y problemática. No quiero dar la imagen de hombre quieto por muy quieto que tenga que estar, tengo un afán afásico de gozar la vida y para eso ...

 

 

     
 


necesito la inquietud hasta de mi propio entendimiento. Y por
eso empieza a dolerme demasiado que alguien confunda mi
paciencia, mi silencio a veces, que rehúya necesariamente el
movimiento con que no busque todavía de la vida como ese cuento
excepcional que todavía no hemos leído, un viento para violar
la piel, hasta me atrevo a decir que metidos en el amor, llegar
a algo exagerando la curiosidad y la indecencia.

No quiero que se me haga tarde, que se me haga más tarde.
Necesito que me espere alguien siempre como una simiente aún,
una aventura, la gruta de unas axilas con unos presentimientos
aún gozosos. Me bastará –pido poco- que me miren con cariño
para que mis engranajes funcionen, para que mí paciencia sea
válida, utilizable y mi incertidumbre con la misma inquietud
que puede tener un beso, el caminar de una mujer con sandalias
de tacón alto, vaya donde vaya el improvisado placer que parece
que si uno da rienda suelta la vida lo tiene todo calculado.


Pues si es así, y están ambas apoyaturas a mi alcance, prometo
subir las escaleras con más seguridad, casi con la elegancia
que puede darme la mano firme de una niña dueña de un cariño
consistente que hace sentirme precisamente consistente. Quemo
mis dedos, y las palmas viejas de mis manos como si aún me
quedara por escribir en este bloque de hojas propias lo mejor
de mi vida. Quemaré si es preciso para demostrar mi paciencia y
mi incertidumbre mis dedos en el fósforo que puede tener una
cintura querida; gastaré mi consistencia lo que haga falta con
besos con forma inquieta, igual que mis palabras; iré contando
más o menos cosas porque lo demás ya lo cuenta el cine de los
ojos quietos en otros ojos.

Escribiré, ahora que pienso esas cartas tan íntimas y tan
desvergonzadas con chasquidos de sexo que se abre, con sonidos
que llegan desde dentro de alguien y que acaban siendo propios.
Haré historia de mi pobre historia pero eso sí como un cuerpo profundo cruzado de pasado y lleno de las dentelladas que da la
vida en las respuestas.

Más o menos, para que no se sepa de mí, qué es lo uno y qué es
lo otro de lo que titulo como paciencia e incertidumbre.
Escondidos los hilos de las cremalleras de los quirófanos donde
estuve, enamorado del analgésico sorprendente de lo profundo
que sepa darme alguien. Como un dibujo que acabo de ver o unaimagen que siempre me cautiva y sorprende: ella se cubría con
una camiseta sólo para tapar un instante el desnudo, el
sujetador no existe, una zona abierta y desdibujada de los
muslos para que el cuerpo recuerde su memoria de cuerpo pausado
y exigente en su dominio.